Creencias Fundamentales De La Iglesia Adventista Del Séptimo Día

20. El Sábado

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20. El Sábado

Los Adventistas del 7º Día creen que el benéfico creador, después de los seis días de la creación, reposó en el séptimo día e instituyó  el Sábado para toda la humanidad como un memorial de la creación. El cuarto mandamiento de la inmutable ley de Dios requiere la observancia de este séptimo día Sábado como el día de reposo, adoración y ministerio en armonía con la enseñanza y la práctica de Jesús, el Señor del Sábado. El Sábado es un día de deleitosa comunión con Dios y con nuestros semejantes. Es un símbolo de nuestra redención en Cristo, una señal de nuestra santificación, una muestra de nuestra fidelidad, y una anticipación de nuestro futuro eterno en el reino de Dios. El sábado es la señal perpetua que Dios ha dejado acerca de su pacto eterno entre él y su pueblo. La gozosa observancia de este sagrado tiempo, de tarde a tarde, de puesta de sol a puesta de sol, constituye una celebración de la actividad creadora y redentora de Dios.

 

Texto Clave: Génesis 2: 1-3

 

El Sábado a Través de la Biblia

 

                El Sábado ocupa un lugar central en nuestra adoración a Dios. Como recordativo de la creación, revela la razón por la cual Dios debe recibir nuestra adoración: Es el creador y nosotros somos sus criaturas. La verdadera razón del culto a Dios, no sólo del que se tributa en el séptimo día, sino de toda adoración, se encuentra en la distinción que existe entre el creador y sus criaturas. Este hecho sobresaliente nunca puede llegar a ser obsoleto, y jamás debe ser olvidado.

 

 Dios instituyó el sábado con el fin de mantener para siempre esta verdad ante la raza humana.

 

El Sábado en la creación: El Sábado llega hasta nosotros desde un mundo sin pecado. Tres actos divinos distintos establecieron el Sábado.

 

1.       Dios reposó el Sábado: Éxo. 31: 17 Dios no descansó porque necesitaba hacerlo (Isa.40: 28) Shabath significa literalmente “cesar” de trabajos o actividades (Gén.8: 22). El descanso de Dios no era el resultado de la fatiga, sino la cesación de una ocupación previa. Dios reposó porque deseaba establecer un ejemplo para la raza humana (Exo.20: 11). Dios creó el día de reposo al descansar el Sábado. La creación del día de reposo fue su toque final, que terminó su obra.

2.       Dios bendijo el Sábado: La bendición colocada sobre el séptimo día implicaba que por este hecho se lo declaraba un objeto especial del favor divino, y un día que traería bendición a sus criaturas.

3.       Dios santificó el Sábado: El hecho de que Dios santificó el séptimo día significa que este día es santo, que lo apartó con el elevado propósito de enriquecer la relación divino-humana.

 

Es su presencia personal lo que coloca en el Sábado la bendición y la santificación de Dios.

 

El Sábado en el Sinaí: Los acontecimientos que siguieron a la salida de los israelitas de Egipto, demuestra que prácticamente se habían olvidado del Sábado.

 

1.       El Sábado y el maná: Un mes antes de que Dios proclamara la ley desde el Sinaí, prometió proteger a su pueblo contra las enfermedades si ponían atención a sus leyes (Éxo.16: 25; Gén.26: 5). Poco después de hacer esta promesa, Dios recordó a los israelitas la santidad del Sábado. Por medio del milagro del maná les enseñó en términos concretos cuán importante consideraba su descanso en el séptimo día. (Éxo.16: 4; 16-26). Durante los 40 años, o más de 2,000 sábados sucesivos, que los israelitas pasaron en el desierto, el milagro del maná les recordó este ritmo de seis días de trabajo y el séptimo día de descanso.

2.       El Sábado y la ley: Dios colocó el mandamiento relativo al Sábado en el centro del Decálogo (Éxo.20:8-11). Todos los mandamientos del Decálogo son vitales, y ninguno debe ser descuidado (Sant.2: 10), pero Dios distinguió el mandamiento relativo al Sábado de todos los demás. En relación con él, nos mandó recordarlo, amonestando así a la humanidad contra el peligro de olvidar su importancia. Como monumento de la creación, la observancia del Sábado es un antídoto de la idolatría. El mandamiento del Sábado funciona como el sello de la ley de Dios. Generalmente los sellos contienen tres elementos: el nombre del dueño del sello, su título, y su jurisdicción. Los sellos oficiales se usan para validar documentos de importancia. Entre los Diez Mandamientos, el mandamiento relativo al Sábado es el que contiene los elementos vitales de un sello. Es el único de los diez que identifica al Dios verdadero, especificando su nombre: “Jehová tu Dios”; su título: el que hizo, el creador; y su territorio: “los cielos y la tierra” (Éxo.20: 10,11)

3.       El Sábado y el pacto: La ley de Dios era un rasgo central del pacto (Éxo.24: 37); así también el Sábado, colocado en el corazón de esa ley, es prominente en el pacto divino. Dios declaró que el Sábado sería señal entre su pueblo y él (Eze.20: 12,20; Éxo.31: 17). Por lo tanto dice Dios, el reposo sabático es un pacto perpetuo (Éxo.31: 16) . “Así como el pacto se basa en el amor de Dios por su pueblo (Deut.7: 7,8), también el Sábado, como señal de ese pacto, es una señal de amor divino”.

 

Los Sábados anuales: Además de los Sábados semanales (Lev.23:3), había siete sábados anuales de carácter ceremonial, repartidos en el calendario religioso de Israel. Esos días de reposo, “además de los sábados de Jehová” (Lev.23: 38), eran:

 

1.       El primero y últimos días de la fiesta de los panes sin levadura. Lev.23: 7,8.

2.       El día de Pentecostés. Lev.23: 21.

3.       La fiesta de la Trompetas. Lev.23: 24,25.

4.       El Día de la Expiación. Lev.23: 26-28.

5.       El primer y últimos días de la fiesta de los Tabernáculos. Lev.23: 35,36.

 

Por cuanto el cálculo de esos días de reposo dependía del comienzo del año sagrado, el cual estaba basado en el calendario lunar, las celebraciones podían caer en cualquier día de la semana. Cuando coincidía con el sábado semanal, se conocían como “días grandes” o “días de gran solemnidad” (Jn.19: 31). Los sábados anuales constituían una parte integral del sistema judío de ritos y ceremonias instituidos en el monte Sinaí... los cuales apuntaban hacía el futuro advenimiento del Mesías, y cuya observancia terminó con su muerte en la cruz.

 

El Sábado y Cristo: La Escritura revela que Cristo fue, tanto como el Padre, el Creador (1Cor.8: 6; Heb.1: 1,2; Jn.1: 3). Por lo tanto él fue quien apartó el séptimo día como día de reposo para la humanidad.

 

El papel doble de Cristo como Creador y Redentor hace claro por qué aseveró que, en su calidad del Hijo del Hombre, también es “Señor aún del Sábado” (Mar.2: 28). Teniendo tal autoridad, si así lo hubiese deseado, podría haber eliminado el Sábado, pero no lo hizo. Por el contrario, lo aplicó a todos los seres humanos, diciendo: “El Sábado por causa del hombre es hecho” (vers.27). En todo su ministerio terrenal, Cristo nos dio ejemplo de fidelidad en guardar el Sábado (Luc.4: 16). En Mateo 24: 20 encontramos el consejo que diera Jesús a sus discípulos, esto implica claramente que aún entonces los cristianos se hallan bajo obligación de guardar estrictamente el Sábado. Tal como reposara al final de la creación, hizo lo mismo al fin de su ministerio terrenal, cuando hubo completado su segundo gran acto en la historia. (Jn.19: 30; Luc.23: 54). A continuación de su muerte, reposó en una tumba, simbolizando así el hecho de que había cumplido la redención de la humanidad.

 

El Sábado y los apóstoles: Los discípulos manifestaban gran respeto por el Sábado. Este hecho se hizo evidente en ocasión de la muerte de Cristo. (Luc.23: 56; 24: 1). En sus viajes evangelísticos,  Pablo asistía a las sinagogas en el Sábado, y predicaba a Cristo (Hech.13: 14; 17: 1,2: 18: 4; 16: 13) La fiel observancia del Sábado semanal por parte de Pablo, se destaca en agudo contraste con su actitud hacía los sábados ceremoniales anuales. En sus escritos deja bien en claro que los cristianos ya no se hallan bajo la obligación de guardar esos días anuales de reposo porque Cristo clavó las leyes ceremoniales en la cruz (Col.2: 14,16,17; Gál.4: 10,11)

Muchos están bajo la impresión de que Juan se refería al domingo cuando declaró que “estaba en el Espíritu en el día del Señor” (Apoc.1. 10). En la Biblia, sin embargo, el único día al cual se hace referencia como la posesión especial del Señor es el Sábado (Exo.20: 10; Isa.58: 13; Mar.2: 28). Por cuanto en la Escritura, el único día que el Señor reconoce como suyo propio es el séptimo día Sábado, es lógico concluir que Juan se refería al día Sábado. Por cierto que no hay precedente bíblico para indicar que pudiese aplicar este término al domingo, primer día de la semana.

Dios se propone que su pueblo observe el Sábado por toda la eternidad (Isa.66: 22,23).

 

El significado del Sábado:

 

1.       Un monumento perpetuo de la creación: El mandato de observar el séptimo día como el día de reposo, se halla inseparablemente vinculado con el acto de la creación, ya que la institución del Sábado y el mandato de observarlo son una consecuencia directa del acto creador.

2.       Un símbolo de redención: Cuando Dios libró a Israel de su esclavitud en Egipto, el sábado que ya era el monumento de la creación, se convirtió además en un monumento de su liberación (Deut.5:15). En nuestros días, el hombre también necesita escapar de la esclavitud que proviene de la codicia, de las ganancias y el poder, de la desigualdad social, y del pecado y el egoísmo. Es cuando nuestra mirada se dirige a la cruz, que le descanso del sábado se destaca como un símbolo especial de la redención.

3.       Una señal de santificación: El poder que creó todas las cosas es el poder que vuelve a crear el alma a su propia semejanza. Para los que consideran que el día sábado es sagrado, éste constituye la señal de la santificación. La verdadera santificación es armonía con Dios, unidad con él en carácter. Se la recibe por medio de la obediencia a los principios que constituyen la trascripción de su carácter. Y el sábado es el signo de la obediencia. (Éxo.31: 139

4.       Una señal de lealtad: Antes de la segunda venida de Cristo, todo el mundo estará dividido en dos clases: los que son leales a Dios y los que adoran a la bestia y a su imagen (Apoc.14: 12, 9). En este tiempo, la verdad de Dios será magnificada ante el mundo y a todos les resultará claro que la obediente observancia del séptimo día de la Escritura provee evidencia de lealtad al Creador.

5.       Un tiempo para la comunión: Es durante el sábado cuando podemos experimentar en forma especial la presencia de Dios entre nosotros. Sin el sábado, todo sería trabajo y lucha sin cesar. La llegada del sábado sin embargo, trae consigo esperanza, gozo, significado y valor. Provee tiempo para la comunión con Dios por medio del culto, la oración, el canto, estudio de la Palabra y meditación en ella, y por el acto de compartir el evangelio con otros. El sábado es nuestra oportunidad para experimentar la presencia de Dios.

6.       Una señal de justificación por la fe: Al observar el sábado, los creyentes revelan su disposición de aceptar la voluntad de Dios para sus vidas, en vez de depender de su propio juicio. Al guardar el sábado, los creyentes no están procurando hacerse justos a sí mismos. Más bien observan el sábado como resultado de su relación con Cristo.

7.       Un símbolo de reposo en Cristo: Todo aquel que entra en el reposo al cual Dios lo invita, “también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas” (Heb.4: 10,9). Este reposo es espiritual, un descanso de nuestras propias obras, la cesación del pecado. Es a este reposo al cual Dios llama a su pueblo, y es de este reposo que tanto el sábado como Canaán son símbolos. Todos los que desean entrar en ese reposo “deben entrar primeramente por fe en su “reposo” espiritual, el descanso del pecado y de sus propios esfuerzos por salvarse que experimenta el alma.

 

Intentos por cambiar el Día de Adoración

 

                Por cuanto el sábado juega un papel vital en la adoración a Dios como Creador y Redentor, no debe sorprendernos el que Satanás haya montado una ofensiva total para derribarla.

 

Cómo surgió la observancia del domingo: El cambio del sábado al domingo vino gradualmente. Antes del segundo siglo, no hay evidencia de que los cristianos celebraran reuniones semanales de cultos en domingo, pero la evidencia indica que para la mitad de ese siglo, algunos cristianos estaban observando voluntariamente el domingo como un día de culto pero no de reposo.

 

Desde el siglo segundo hasta el quinto, mientras el domingo continuaba adquiriendo influencia, los cristianos siguieron observando el sábado casi en todos los lugares del Imperio Romano.  El historiador del siglo quinto Sócrates escribió: “Casi todas las iglesias de todo el mundo celebraban los sagrados misterios en el sábado de cada semana, y sin embargo los cristianos de Alejandría y de Roma, por alguna antigua tradición, han cesado de hacer esto”. En los siglos cuarto y quinto, muchos cristianos adoraban tanto en sábado como en domingo. Sozomen, otro historiador de ese siglo escribió: “La gente de Constantinopla, y de casi todas partes, se reúnen el sábado, así como el primer día de la semana; esta costumbre nunca se observa en Roma o Alejandría”. Estas referencias demuestran el papel principal que le cupo a Roma en el abandono de la observancia del sábado.

 

La popularidad e influencia que le confería al domingo la adoración al sol de los romanos paganos, sin duda contribuyó a su creciente aceptación como día de culto. La adoración al sol desempeñaba un papel importante por todo el mundo antiguo.

 

El siglo IV fue testigo de la introducción de la leyes dominicales. Primero se promulgaron leyes dominicales de carácter civil, y luego fueron apareciendo las de carácter religioso. El emperador Constantino promulgó la primera ley dominical civil el 7 de marzo del año 321D.C. En vista de la popularidad de que gozaba el domingo entre los paganos que adoraban al sol, y la estima en que lo tenían muchos cristianos, Constantino esperaba que, al hacer el domingo un día festivo, pudiera asegurarse el apoyo de ambos grupos para su gobierno.

 

La ley dominical de Constantino reflejaba su propio pasado como adorador del sol. Decía: “En el venerable día del sol que los magistrados y la gente que reside en ciudades descansen, y que se cierren todos los lugares de trabajo. En el campo sin embargo, las personas que se ocupan en la agricultura podrán continuar libre y legalmente sus ocupaciones”.

 

Varias décadas más tarde, la iglesia siguió su ejemplo. El Concilio de Laodicea (alrededor del año 364D.C.), el cual no fue un concilio universal sino católico romano, promulgó la primera ley dominical eclesiástica. En el Canon 29, la iglesia estipulaba que los cristianos debían honrar el domingo, y “si es posible, no trabajar en ese día”, mientras que al mismo tiempo denunciaba la práctica de reposar en el sábado, instruyendo a los cristianos a no “estar ociosos en sábado sino que deben trabajar en ese día”. En el año 538D.C. el año marcado como el comienzo de la profecía de los 1,260 años, el tercer Concilio –católico- de Orleáns, promulgó una ley aún más severa que la de Constantino. El Canon 28 de ese concilio dice que el domingo, aun “el trabajo agrícola debiera ser dejado de lado, con el fin de no impedirle a la gente la asistencia a la iglesia.

 

El cambio predicho: Por medio de la profecía de Daniel 7, Dios reveló su conocimiento anticipado del cambio que se haría en el día de adoración. (Dan.7: 25). Hay un solo poder dentro de la cristiandad al cual se le puede aplicar esta profecía. Hay una sola organización religiosa que pretende tener el derecho de modificar las leyes divinas.

 

Alrededor del año 1,400D.C. Petrus de Ancharano aseveró que “el Papa puede modificar la ley divina, ya que su poder no es del hombre sino de Dios, y actúa en el lugar de Dios en el mundo, con el más amplio poder de atar y desatar sus ovejas”.  Juan Eck, atacó a Lutero diciendo: “La Escritura enseña: Acuérdate del día de reposo para santificarlo...  Sin embargo, la iglesia ha cambiado el sábado al domingo de su propia autoridad, para lo cual vos (Lutero) no tenéis Escritura”

 

En el catecismo de doctrina católica para el converso de la edición de 1977 se encuentra una serie de preguntas y respuestas, entre ellas encontramos:

 

P. ¿Cuál es el día de reposo?

R. El sábado es el día de reposo.

P. ¿Por qué observamos el domingo en vez del sábado?

R. Observamos el domingo en vez del sábado porque la Iglesia Católica transfirió la solemnidad del sábado al domingo.

 

La restauración del sábado: En Isaías 56 y 58 Dios llama a Israel a una reforma en torna al sábado. La misión del Israel espiritual es paralela con la del antiguo Israel. La Ley de Dios fue quebrantada cuando el poder representado por el cuerno pequeño cambió el reposo del sábado al domingo. Tal como el sábado pisoteado debía ser restaurado en Israel, así también en los tiempos modernos, la divina institución del sábado debe ser restaurada, y es necesario reparar esa brecha que se abrió en el muro de la Ley de Dios. (Apoc.14: 7,9,12)

 

La Observancia del Sábado

 

Con el fin de recordar el día sábado para santificarlo conforme al mandamiento, debemos pensar en él a través de la semana, y hacer los preparativos necesarios para observarlo de manera que agrade a Dios. Debiéramos tener cuidado de no agotar nuestras energías durante la semana hasta el punto en que no podamos ocuparnos en el servicio a Dios durante el sábado.

La Biblia especifica que en el sábado debemos cesar nuestros trabajos seculares (Éxo.20: 10; Neh.13: 15-22; Isa.58: 13).

 

El sábado comienza a la puesta del sol el viernes, y termina a la puesta del sol, el sábado por la tarde (Gén.1: 5; Mar.1: 32). Al día anterior al sábado (viernes), la Biblia lo llama el día de preparación (Mar.15: 42), un día en el cual debemos prepararnos para el sábado, de modo que nada eche a perder su carácter sagrado. (Éxo.16: 23; Núm.11: 18).

 

Cuando se acercan las horas sagradas del sábado, es bueno que los miembros de la familia o grupos de creyentes se reúnan poco antes de la puesta del sol el viernes de tarde para cantar, orar y leer la Palabra de Dios, invitando de este modo al Espíritu de Cristo para que sea su huésped. En forma similar debieran marcar el cierre del día santo.

 

Cristo adoraba regularmente en el día sábado, tomando parte en los servicios e impartiendo instrucción religiosa (Mar.1: 21; 3: 1-4; Luc.4: 16-27; 13: 10). Pero el Salvador no se limitaba a adorar. También tenía comunión con los demás (Mar.1: 29-31; Luc.14: 1), caminaba al aire libre (Mar.2: 23), y se dedicaba a realizar santas obras de misericordia. Siempre que podía sanaba a los enfermos y afligidos (Mar.1: 21-31; 3: 1-5; Luc.13: 10-17; 14: 2-4; Jn.5: 1-15, 9: 1-14), las actividades de sanamiento no quebrantaron el sábado ni lo abolieron (Mat.12: 12), lo que sí hicieron fue terminar con los gravosos reglamentos que habían torcido el significado del sábado como un instrumento divino de refrigerio espiritual y deleite (Isa.58: 13). Dios se proponía que el sábado sirviera para el enriquecimiento espiritual de la humanidad.

 

El señor del sábado invita a todos a seguir su ejemplo. Los que aceptan su llamado experimentan el sábado como una delicia y una fiesta espiritual, un anticipo del cielo. Descubren que “el sábado fue designado por Dios para evitar el desánimo espiritual. Semana tras semana el séptimo día conforta nuestra conciencia, asegurándonos que a pesar de nuestros caracteres sin terminar, nos hallamos completos en Cristo. Lo que él logró en el Calvario constituye nuestra expiación. Entramos en su reposo.

 

“Todo lo que contribuye a tu salvación hazlo en sábado”.

 

 

 

 

Creencias fundamentales de la I.A.S.D.